jueves, 26 de junio de 2014

"La educación de los niños es de vital importancia"


"Estimulad a los niños desde sus más tempranos años a dominar toda clase de ciencia, y procurad que estén deseosos de ser idóneos en todas las artes; la meta es que, mediante la favorable gracia de Dios, el corazón de cada uno llegue a ser como un espejo que devele los secretos del universo, penetrando la recóndita realidad de todas las cosas; y que cada uno gane fama mundial en todas las ramas del conocimiento, la ciencia y las artes.
Ciertamente, no descuidéis la educación de los niños. Criadlos para que posean cualidades espirituales, y que estén seguros de los dones y favores de Dios".
Abdúl-Bahá, Educación Bahá'í


lunes, 23 de junio de 2014

En mi casa tengo muchos amigos silenciosos.




Si tomo en mis manos un libro de los estantes de la biblioteca y abro la tapa como si fuera una puerta, me asomo a su primera página y comienzo a andar un camino que me lleva a conocer otros lugares otras personas, otras costumbres.
Es un camino que recorro leyendo palabras que me hablan de sabiduría, de sentimientos, de paisajes, de fantasía.
Hay personajes que me invitan a ser mejor persona, que me muestran cómo es el amor y la valentía, la honestidad, el perdón, el dolor y la alegría.
Cuando leo no me doy cuenta de que el tiempo pasa y estoy profundamente sumida en ese mundo mágico de las palabras.
Guardo mis libros en anaqueles y sé que al abrirlos me espera en cada uno un amigo para reiniciar en su compañía un viaje que acabará con pena al dar vuelta su última página.
Mí biblioteca es un lugar especial, de maravilla donde me esperan ideas y emociones, cuentos y poesías.
La amistad con los libros nació en mi infancia para durar toda la vida.
Beatriz Capizzano

miércoles, 18 de junio de 2014

Cuerdas
Un cortometraje que con una ternura especial cuenta la historia de  dos niños
Lleno de valores como afecto, solidaridad, empatía, compasión.
Pero mejor miralo!



Historias para cuidar el medio ambiente Vol I


lunes, 16 de junio de 2014

MANDI-OÍ




Estimado amiguito: queremos contarte una leyenda guaraní para que conozcas parte de la lengua materna de otras culturas.
Esto debió haber pasado hace mucho, muchísimo tiempo. Antes de que los guaraníes emprendieran su largo viaje hacia el Sur, desde el corazón de las selvas sudamericanas.
Mandi-ó era una nenita fea, alta, flaca y delgada. Tenía manos muy grandes con dedos muy largos. No jugueteaba con los otros chicos. Se quedaba ahí, paradita, mirando como si quisiera hacerlo. Pero no participaba. Mientras tanto, los demás correteaban por la selva.
-Mandi-ó, algún día vas a echar raíces- la regañaba su mamá. Y su papá la retaba por que no acompañaba a su mamá cuando ésta salía en busca de frutos silvestres. Porque en aquellos tiempos remotos la gente no conocía la agricultura y sufría terribles hambrunas: solo se alimentaba con los productos de la caza y de la pesca (tareas a cargo de los hombres) y con los frutos de la selva que las mujeres recogían con la ayuda de sus hijos.
Pero Mandi-ó, siempre triste y avergonzada por su fealdad, se negaba a acompañar a su mamá y a sus hermanitos en esas salidas, en la que los chicos no solo ayudaban sino que, además, recorrían la selva y se deslumbraban con todo lo que veían, como cualquier chico del mundo.
Mandi-ó se quedaba paradita, a la entrada de la tekoá, la aldea que su padre había construido, en un claro de la selva, junto con los otros hombres de la comunidad. No se atrevía a seguir a los suyos, como si les tuviera miedo a la espesura.
Entonces Tupá, el Dios de los guaraníes, se apiadó de ella. En sueños le dijo lo que debía hacer: en adelante, la niña sería importantísima para toda su gente, porque les iba a enseñar a alimentarse mejor.
Sólo era preciso que algún rayo incendiara un sector de la selva, con lo que se haría un claro en el cerrado boscaje y cuando, el terreno quedara despejado, ella debía dirigirse allí, sin miedo, para cavar un hoyo y meter en él sus piecitos. Eso sí: debía pedirles a sus hermanitos que la buscaran al día siguiente. Y así fue como lo hicieron.
¿Qué encontraron?. Cuando todos salieron en busca de Mandi-ó, en el centro del claro vieron una planta desconocida hasta entonces: un arbusto muy verde, de casi dos metros de altura, con grandes hojas en forma de manos y dedos larguísimos. Cavaron para desenterrar los pies de la niña; y en su lugar sólo encontraron gruesos tubérculos.
Era la mandioca, planta originaria de esas tierras, cuyo cultivo se comenzó a realizar en claros abiertos a propósito, con hacha y fuego. Desde entonces, los tubérculos de la mandioca fueron utilísimos porque la Mandi-ó o la mandioca acompañó a los guaraníes en su larga migración hacia el Sur, asegurándoles siempre el alimento. Mientras tanto, la misma planta viajó con los tupíes hacia el norte, cruzó el caudaloso Amazonas y, ya en la meseta de las Guayanas, fue adoptada por los caribes quienes la llevaron a las Antillas con el nombre de yuca. Desde entonces, la yuca o mandioca alimenta a millones de americanos, a quienes brinda la fariña, la tapioca y el sabroso pan de cazabe. 

sábado, 14 de junio de 2014

Feliz día del Padre 


Le regalo a mi papá
una sonrisa de plata
que es la que alumbra mi cara
cuando de noche me tapa.

Le regalo a mi papá
una colonia fresquita
por no soltarme la mano
cuando me duele la tripa.

Le regalo a mi papá
una armadura amarilla
que le proteja del monstruo
que espanta en mis pesadillas.

Le regalo a mi papá
el lenguaje de los duendes
por entender lo que digo
cuando nadie más lo entiende.

Le regalo a mi papá
una chistera de mago
en la que quepan mis besos
envueltos para regalo.